La seda tiene fama de delicada, pero la verdad es más simple: si la lavas bien, te dura años; si la lavas mal, la estropeas en semanas. Aquí tienes la guía completa, sin complicaciones.
A mano (lo más seguro)
- Llena un barreño con agua fría (nunca caliente: el calor daña la fibra).
- Añade un chorrito de jabón neutro o un detergente específico para seda. Nada de detergente normal agresivo.
- Sumerge la funda y muévela suavemente 3-5 minutos. No la frotes ni la retuerzas.
- Aclara con agua fría hasta que no quede jabón.
A máquina (si tienes prisa)
- Mete la funda en una bolsa de malla para protegerla.
- Programa delicado, agua fría, máximo 30 grados.
- Centrifugado suave o ninguno.
El secado, donde más se estropea
- Nunca uses secadora. El calor arruina la seda.
- Presiona suavemente con una toalla para quitar el exceso de agua (no retuerzas).
- Seca al aire, a la sombra. El sol directo apaga el color.
Errores que debes evitar
- Agua caliente.
- Lejía o quitamanchas agresivos.
- Suavizante (deja residuos y quita el brillo natural).
- Secadora.
- Planchar a alta temperatura (si planchas, hazlo del revés, en frío o mínimo).
¿Cada cuánto lavarla?
Cada una o dos semanas es suficiente. Un truco: ten dos fundas y alternálas. Así mantienes el ritual sin interrupciones y ambas duran más, porque el desgaste se reparte.
Nuestras fundas son seda de morera 22 momme por ambas caras, y con este cuidado te duran años. Ve la colección Ritual de noche.